Muralismo

Desde las manifestaciones precolombinas hasta nuestros días, el muralismo hasido una forma fundamental de expresión artística en Latinoamérica.

En la América precolombina, especialmente en las culturas Mayas, Aztecas , la cultura Moche, la Inca ( al sur) y a parte de las pinturas rupestres, hay claros testimonios de un muralismo que evolucionó al punto técnico del fresco y de otras técnicas cuyos métodos eran desconocidos en Europa.

Luego de la conquista española, estas técnicas se olvidaron y muchos murales que existían en templos y palacios se han destruido o solo quedan pequeños fragmentos o algunas crónicas que nos describen lo que fueron. A la llegada de España en América, las obras murales posteriores tuvieron un carácter didáctico religioso con algunas fusiones de imaginería autóctona.

El punto geográfico donde se gestó el muralismo es en México.

Luego de la independencia de México del dominio español y la construcción de la república, en la década de los 70 del siglo 19, aparece la dictadura de Porfirio Díaz, época en que el muralismo no tuvo grandes cambios ni gran trascendencia, y que preservaba características similares a las realizadas en la edad media en Europa.

La revolución mexicana que luego rompió con el porfirismo, también rompió con la vieja manera de concebir al arte.

Los retratos, paisajes, bodegones, etc., típicos del arte de la aristocracia fueron desplazados por el mural que podía ser apreciado por todas las clases sociales, ya que estaban emplazados en edificios y construcciones públicas.

El muralismo aparece como resultado de la revolución mexicana, interesado este por el pasado prehispánico y colonial. Diez años después de la derrota del porfirismo, habiendo los revolucionarios asumidos el poder, el muralismo resurge gracias al apoyo del ministro de educación José Vasconcelos (1920). Vasconcelos estaba convencido de que el muralismo era parte de la tradición prehispánica y colonial, y que debía ser la herramienta de arte social para dar a conocer ese pasado y proyectar el futuro de la democracia en ese país.

Es así que el ministro convoca a artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, etc.( muchos de ellos que se encontraban en Europa) quienes pintaron decenas de murales. En las visitas a las ruinas precolombinas como por ejemplo el Templo de los jaguares en Chichén-Itzá, los muralistas toman conciencia de que América poseía su propio muralismo y técnicas, habiendo gran cantidad de pruebas acerca de que los muros de las ciudades anteriores a la conquista estaban cubiertos de murales.

Lo que logro que el muralismo adquiriera esa dimensión que más tarde contagiaría a toda América, fue la concepción del arte mural en un espacio público, arte para todas las clases sociales, de carácter histórico, humanista y muchas veces contestatario.

Los muralistas, que se consideraban artistas al servicio del pueblo, pintaron inmensa cantidad de muros donde se representaban la historia de México donde pasado presente y futuro se conjugan y fusionan.

El mural generaba conciencia política y cultural al pueblo.

El muralismo, el más antiguo en la expresión del hombre, siempre buscó dialogar reteniendo pasajes históricos, relatando fábulas, reviviendo hechos y fantasías para cuestionar y confrontar los pensamientos y los sentidos.

Los maestros muralistas, estaban convencidos que la principal función del muralismo no era decorativa, sino comunicacional. Ellos, buscaban generar factores de comprensión y de cambio en la sociedad.

Las razones con las cuales algunos justifican el resurgimiento en la actualidad del muralismo, parten a partir de la pérdida de la identidad de los pueblos a causa de la globalización. Los muralistas entienden que los problemas de las naciones giran alrededor de la invasión de las culturas dominantes y del exacerbado individualismo que llevó al artista a perder el compromiso con el pueblo y a dedicarse a hacer arte para el mercado o para pequeños grupos de entendidos.

Un arte público y social como el muralismo rescata los valores nacionales crea conciencia de grupo y proyecta un compromiso de nación para construir entre todos.

Y en mi caso particular como muralista me siento no solo comprometida en la idea a construir entre todos, sino también en la responsabilidad de mostrarle a la gente algo diferente, que puedan ir más allá de lo que el mundo nos muestra cada día, que puedan interiorizar una esperanza, un paradigma diferente, avanzar sobre nuevos conceptos. Disfruto y hago con pasión cada mural, porque sé que deja de ser mío y pasa a ser del pueblo, eso es gratificante!!!!