Además de los colores y las formas, cada obra tiene el contenido amoroso de cada ser que fue parte en su ejecución y que lo es al detener un momento su mirada en él.
El arte es un punto de encuentro, dónde podemos vernos sin velos, compartirnos, expresarnos.
Éste espacio honra y agradece cada encuentro.
En una ocasión, en Montilla, España, tierra andaluza de paisajes cubiertos con viñedos y olivos, espacio amoroso y alegre, donde la gente en gran parte se dedicaba al cultivo de la vida.
Me encontraba pintando y compartiendo en esta tierra, experimentando una hermandad maravillosa con cosecheros de uva que se reunían todos los días en el bar al lado del mural. Un día entre charlas, risas y charlas surgió la idea de retratar, desde una gratitud que todos sentían a Pepe el Maleno, un vecino querido del barrio, de mirada profunda y transparente, que había contribuido con muchos jóvenes, dándoles trabajo, cuando quizás ya nadie confiaba en ellos, esos jóvenes y muchos pidieron el retrato frente al bar de Pepe el Maleno en símbolo de Gratitud. Hecho está, con gran goce, la aventura de ese día.
Gracias a todas los seres que abrieron sus corazones a esta aventura de ser.
Estando en Roma, entre charlas con amigos, surge la propuesta de hacer en el barrio “el mamut” un homenaje a Giulia. Una niña que falleció en un terremoto, encontrandola en su búsqueda, abrazada a su hermanita menor, la cual vivió, y pintó junto a todos los vecinos del barrio,
Las emociones estaban a flor de piel durante la ejecución de la obra, los vecinos, los padres, todes en un ambiente amoroso de gratitud, unidad y paz a lo cual estare infinitamente agradecida siempre “per tutte, per tutti, per Giulia” ire. De pronto, Pepe «el Maleno», un anciano de manos arrugadas y sonrisa sincera